Una cumbre con historia

Fue en agosto de 1802, hace más de doscientos años, cuando el naturalista alsaciano Louis Ramond de Carbonnières -el considerado “padre del pirineísmo”- se convertiría en la primera persona documentada en pisar la cumbre del Monte Perdido, pensando erróneamente por aquel entonces que era la más alta de los Pirineos.

Lleno de gozo escribió: «En estas cimas que son los auténticos extremos de la Tierra, el observador, incitado al recogimiento por la grandeza del paisaje y el silencio de la Naturaleza contempla sobre su testa la inmensidad del espacio, y a sus pies la hondura de los tiempos”.

Texto y fotos: Eduardo Viñuales Cobos.

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