Eduardo Viñuales, naturalista: “Ordesa y Monte Perdido es un ejemplo para los modelos de desarrollo”

‘100 años, 100 voces’

Ordesa y Monte Perdido es… ¿Nos podrías completar la frase? 

Un lujo natural cerca de casa, en mi caso de Zaragoza. Es uno de los lugares salvajes más hermosos del mundo del que los aragoneses y los españoles debemos sentirnos orgullosos de haber conservado así de bien. Es un ejemplo para los modelos de desarrollo de hoy y del futuro.

El Parque Nacional marca buena parte de su vida profesional…

La primera vez que fui a Ordesa fue con mis hermanos. Tendría 9 años. Luego acudí con mis padres, de excursión a las cascadas. Y nada me iba a decir que uno de mis primeros trabajos, con 19 años, sería en Casa Oliván, el Centro de Información del Parque Nacional. Luego entré de Guía. Tener una “oficina” tan hermosa era gratificante cada día. Y así, casi casi hasta ahora. Ordesa y el Moncayo son parte ya de mi ADN. He escrito mucho de estos lugares y he hecho muchas fotografías. Cada día es nuevo, diferente. Y en enero de este año sacaré una nueva publicación titulada “365 días en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido”, un álbum que es un calendario de la vida, una especie de cuaderno de campo en el que día a día se explican explica los acontecimientos de la Naturaleza que he podido observar allí en todos estos años.

– ¿Un lugar favorito del parque?  

Muchos. La excursión más completa podría ser la Faja de las Flores. La Brecha de Rolando tiene un encanto especial. El Monte Perdido es una cima a la que tendría que subir cada año. Añisclo, el cañón que se salvó, gracias a Dios, de ser inundado. Escuaín y las intimidades de la garganta del Yaga. El valle de Pineta y su circo glaciar de color. Pero es que hasta la clásica ruta del Circo de Soaso, con los saltos del río Arazas, supone algo que nunca cansa ni defrauda.

– Por último, ¿qué ha supuesto colaborar con el Centenario? 

Una suerte enorme. Me siento muy a gusto hablando y escribiendo de Ordesa, lo que tanto me gusta. De sus quebrantahuesos, de los bosques de abetos, de los paisajes áridos de las alturas que parecen salidos del Tíbet. Y lo mejor es que lo hago rodeado de amigos que también están y quieren al Parque Nacional. Ahora habría que lograr que se ampliara hasta las 50.000 hectáreas de otros Parques Nacionales. Las 15.600 ha de la actualidad se han quedado exiguas. Sería el verdadero homenaje y el gran legado a las generaciones del futuro.

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