Ciervos volantes

Dos machos de ciervo volante se pelean. Y es que ahora, tras cinco años de infancia en el interior oscuro de un tronco de roble caído, bien alimentado de madera muerta en descomposición, aquel gusano blanco, blando y gordo se ha transformado en un bello escarabajo de coloración pardo-rojiza, muy oscura… y de un tamaño poco habitual en estos invertebrados debido a sus más de 7 centímetros. Este coléoptero del bosque de robles se dispone a volar al atardecer hacia las ramas de otros árboles.

Fotografía y texto: Eduardo Viñuales

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