Blas Valero, investigador del IPE-CSIC

‘100 años, 100 voces’

Blas Lorenzo Valero Garcés, Profesor de Investigación del CSIC.  Nacido en 1963 en Portalrubio (Teruel, España). Doctorado en Ciencias Geológicas en 1991 por la Universidad de Zaragoza. Fulbright Fellow (1991-1993) y Research Fellow (1993-1995) en el Limnological Research Center, University of Minnesota. Post-doc (1995-1998) e investigador contratado (1998-2000) en el Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC). Investigador de plantilla en IPE –CSIC desde 2000. Trabajó en la reconstrucción de cambios globales en el pasado (climáticos, ambientales, antrópicos) a partir de registros continentales, principalmente lagos, a una escala desde décadas a milenios.

– ¿A cuándo se remota su relación con Ordesa?

– Visité Ordesa por primera vez cuando tenía 17 años haciendo montaña con amigos del Instituto.  Después visité estos valles como excursionista. Pero mis trabajos científicos en el parque no empezaron hasta el año 2010 con un proyecto financiando por el OAPN en 2009.

– ¿Cuál o cuáles han sido sus principales estudios en relación al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido?

– Empecé a trabajar en el PNOMP con este proyecto del OAPN en 2009, en el que queríamos reconstruir la evolución de los cambios en el paisaje y el medio ambiente desde que se retiraron los hielos glaciares del parque hace unos 20.000 años. Para ello utilizamos sondeos de sedimentos en ibones actuales como Marboré y en lagos ya completamente rellenos de sedimentos como La Estiba o los llanos de La Larri. A ese proyecto siguieron otros en los que estudiamos la sedimentación actual y la composición de las aguas en el ibón de Marboré e instalamos termómetros a distintas profundidades para medir los cambios en su régimen térmico.

– ¿Por qué la importancia de estas líneas de investigación? ¿Cuáles han sido sus principales conclusiones?

– Los sedimentos de los ibones del Pirineo contienen la historia de estos ecosistemas y de los valles en los que se encuentran desde su formación hace unos 15.000 años en Marboré, y más de 50.000 en La Larri. Esas historias nos permiten conocer cómo ha cambiado el paisaje del Pirineo en respuesta a los cambios en el clima y, en los últimos milenios a las actividades humanas. Sabemos ahora que el tipo de sedimentación del ibón ha sido similar desde su formación, dominada por materiales finos durante el invierno o las épocas más frías y un poco más gruesos durante el verano o las épocas más cálidas. Conocemos cómo ha cambiado la productividad del ibón desde su formación, con una etapa de mayor actividad biológica entre hace 9.000 y 6.000 años, que coincide con el mayor desarrollo de los bosques en los valles. Y vemos el impacto de los avances y retirada de los glaciares cercanos en épocas de mayor actividad de los glaciares hace unos 5.000 años, unos 3.000, durante la Pequeña Edad del Hielo entre los siglos XIV y XIX… Sabemos también que la contaminación global por plomo asociada a la primera “globalización” del Imperio Romano alcanzó el ibón de Marboré, y que la deposición de mercurio de las minas de Almacén y los trabajos de minería en Parzán también liberaron plomo que llegó hasta estos valles desde el siglo XVI.

– Recientemente impartió una conferencia en Bielsa sobre el ibón de Marboré. ¿De qué habló en la sesión?

– Los sedimentos acumulados en el ibón de Marboré son un testigo de la historia del PNOMP desde hace milenios. Por otra parte, la evolución reciente del ibón nos alerta de los posibles efectos del cambio climático y del aumento de las actividades humanas en el Pirineo. En mi charla intenté comunicar la importancia de este ibón único, “la joya de la Corona” del PNOMP, de la necesidad de conocerlo mejor para que las generaciones futuras también puedan disfrutarlo.

– ¿Cómo ha cambiado esta masa de agua y qué nos indica su evolución?

– Lamentablemente sólo disponemos de medidas de las propiedades del ibón desde hace unos pocos años. La continuidad de estas actividades de monitorización del ibón es esencial para poder gestionarlo y es responsabilidad de las Administraciones el que se mantengan en el tiempo. Los datos que tenemos sugieren que ha habido un aumento de la temperatura superficial del agua del ibón durante los veranos de los últimos años y que algunas de las propiedades de las aguas han cambiado ligeramente, pero no sabemos si se debe al aumento global de la temperatura, de los cambios globales en la atmósfera o de procesos locales.

– ¿Cuál es su estación favorita para recorrer el Parque?

– El final del verano, cuando ya los colores del otoño empiezan a aparecer, pero aún persiste en el aire los aromas y la luz del verano.

– Un rincón o sendero que no haya que perderse…

– La subida desde Pineta a Los llanos de La Larri. En una pequeña ascensión se pueden apreciar los cambios en los pisos de vegetación, observar los restos de un lago que fue cerrado por una morrena, mirar desde lejos el balcón de Pineta y los restos de los glaciares y andando un poco hasta el fondo del valle de La Larri, la ventana geológica a rocas más antiguas por debajo del gran cabalgamiento de Gavarnie.

– Cuéntenos, algún momento vivido en el Parque que recuerde de manera especial.

– Tal vez la primera noche que pasamos al lado del ibón de Marboré durante la expedición que realizamos en 2011. Tras un día de trabajo en equipo intenso, con los primeros sondeos de sedimentos recuperados, una cena en común y el cielo estrellado sobre el ibón y Tucarroya.

 

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